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Señor, trae sobre ella la gracia.
Todo cuanto encanto y bendición hayas dádome, dáselo.
Porque de nada me sirve dote y don.
Porque nada me vale como milagro, si antes no se refleja por el negro de sus ojos.
Dale padre por amor, todo lo mío y aun lo suyo duplicado, para que sea con ella toda maravilla que de tu mano provenga.

¡Escucha cridar, oh tú, padre nuestro!

Descúbreme las espaldas de protección de ángel, para que cada paso que ella de, sea estable y prospero.
Aparta de mí la luz para que su lucha y su pro crezcan y sean claros, más que cualquiera que se preste.

Porque no me sabe a pan el pan, y menos me aprovecha, si antes no me alimentan sus palabras, bañándome de calido aliento.
Porque, de qué me sirven los pasos y la fuerza y la salud, si no puedo ser esclavo suyo y pender de los grilletes a los que me ata.

Ni la gloria es gloria, ni el vino es divino si no pasa primero por sus gestos de niña.

Y si no es por voluntad darle de mí todo cuanto poseo de ti, entonces ciégueseme el alma y perpetúeseme en obscuridad, en esa que sólo trae consigo la muerte eterna.

Porque la vida no me sabe a vid y el cielo me sabe a podrido si no me veo siguiendo sus manos.

¡Dale dios amor, todo lo que por fe pudieres o arranca de mí la vida!

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